Las termitas son unos insectos cuya voracidad, además de molesta puede llegar a ser un peligro.  Para empezar, puede suponer un peligro de tipo económico pues comen principalmente madera y pueden destrozar muebles y obras de arte; pero también pueden comer ropa, papel y muchas cosas más. Si la plaga de termitas no se detiene, las termitas seguirán expandiendo su colonia y podrían poner en peligro la estructura del edificio donde estén alojadas, sobretodo si es antiguo.

Ese ha sido el caso en Benicarló, provincia de Castellón, en la Iglesia de San Bartolomé. Esta iglesia es un edificio barroco que data del siglo XVIII; está ubicada en el centro de la localidad y es considerada la joya de Benicarló. El caso es que los vecinos sabían que las termitas llevaban instaladas allí desde hacía mucho tiempo y ya en la década de los 90, el retablo de la Sagrada Familia tuvo que ser tratado con gasoil.

El rector, Carlos García; y el mosén adscrito a la parroquia, Joan Guerola, se trasladaron al templo hace casi un año y ya entonces observaron la existencia de las termitas. Hace dos semanas la situación se hizo insostenible pues, ya no sólo corrían peligro numerosas imágenes y obras de gran valor por su antigüedad sino el templo mismo. La parte más afectada es la capilla anexa al templo, y el ataque alcanza tal magnitud que ha sido preciso actuar con urgencia, ya que empezaban a extenderse por las salas contiguas y se temía porque alcanzaran la nave central. Por fortuna, un equipo especializado preparado para enfrentarse a esta plaga ha empezado el proceso de desinsectación y se espera que la Iglesia de San Bartolomé sea revisada y reforzada donde sea necesario.

Fuente original: www.elperiodicomediterraneo.com

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